3 de septiembre de 2010   
imagen cabecera

Noticia

[11-03-2010]

Gipuzkoa prueba la telemedicina

El Hospital Donostia logra en un ensayo reducir de forma notable los reingresos. Los enfermos crónicos autocontrolan sus patologías desde el domicilio y se facilita el contacto con el personal sanitario

En poco menos de dos décadas, el 30% de los guipuzcoanos tendrá más de 60 años. De ellos, 80.000 superarán los 80. La población envejece y, gracias a los avances médicos, cada vez vive más. Enfermedades que hace no mucho costaban la vida son ahora compañeras crónicas de una etapa final cada vez más larga. Se estima que el 25% de los ciudadanos de más de 65 años pueden padecer hasta cuatro afecciones. Este es el mayúsculo reto al que se enfrenta el sistema sanitario y al que el actual consejero, Rafael Bengoa, quiere responder con un nuevo modelo asistencial volcado en los enfermos crónicos y las nuevas tecnologías. Bengoa expuso el miércoles en el Parlamento Vasco la estrategia de atención a estos pacientes, que se basa fundamentalmente en el autocontrol desde el propio domicilio y el uso de las nuevas tecnologías.

Gipuzkoa no es nueva en estas lindes. El Hospital Donostia está llevando a cabo una serie de ensayos que apuntan en esta dirección y que han arrojado excelentes resultados en sus fases iniciales, de tal forma que se ha logrado reducir en más de un 50% los reingresos y las visitas a urgencias de un grupo de pacientes con fallo cardíaco.

Esta iniciativa partió en 2003 en el seno de la Unidad de Medicina Basada en la Evidencia , que tras analizar el día a día del hospital detectó un problema estructural: la existencia de pacientes que ingresaban más veces de lo habitual. Los cerca de 700 reingresadores suponían unos 23.000 días de hospitalización al año. El 40% sufrían fallo cardíaco o reagudizaciones de enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

El médico Joxe Artetxe expuso recientemente estos datos en el Congreso Nacional de Atención Sanitaria al Paciente Crónico celebrado en Santiago de Compostela. También habló de la «vulnerabilidad» de estos enfermos que, tras acudir a Urgencias, «eran tratados por médicos distintos, lo cual suponía cambios en los tratamientos y repetición de pruebas diagnósticas, lo que generaba una sensación de desprotección».

Ante esta situación, el personal sanitario implicado en el proceso revisó la literatura para ver qué intervenciones habían demostrado su eficacia para evitar este tipo de ingresos. Y las juntaron en un protocolo que se resume en los siguientes aspectos: explicarle bien al enfermo en qué consiste su afección, poner a su disposición un teléfono de máxima accesibilidad, la puesta en marcha de un programa de ejercicio y dieta y la selección de un médico de referencia y de una enfermera de enlace. Con el primero, el médico se programa una consulta mensual y, entre cita y cita, el paciente recibe una llamada de la enfermera para interesarse por su situación.

Una vez elaborado el protocolo, seleccionaron a 40 enfermos con fallo cardíaco y lo pusieron en marcha. El resultado de este estudio realizado entre 2006 y 2007 fue espectacular: los ingresos y visitas a urgencias se redujeron un 80%.

El equipo del Hospital Donostia continuó con el seguimiento y, pasado un tiempo, detectó que la situación clínica de estos pacientes empeoraba y volvían a ingresar, y que muchas veces las reagudizaciones se registraban de forma brusca en ausencia de los médicos y enfermeras de referencia, es decir, a partir de las tres de la tarde o los fines de semana. «Así que nos planteamos alargar nuestro tiempo de permanencia en el hospital y buscar herramientas para detectar esos episodios y poder reducir los reingresos», explica Artetxe. 

De esta forma nació otro ensayo clínico controlado, en el que han participado 37 enfermos con fallo cardíaco. Algunos formaron el grupo de control, que siguió el protocolo que anteriormente había demostrado su eficacia; el grupo experimental también siguió sus pasos y, además, incluyó la telemedicina. Se amplió el horario de cobertura hasta las 9 de la noche y también los fines de semana, para lo que el personal sanitario organizó distintos turnos.

Alarmas por SMS

La telemedicina consiste en el seguimiento telemático del enfermo. A los pacientes se les entregan los aparatos necesarios para que dos veces por día en casa se tomen la tensión, midan su temperatura corporal, la frecuencia respiratoria, el pulso, la saturación de oxígeno y, en caso de diabetes, el nivel de azúcar. Incluso se puede hacer un electro. Además, tienen que responder a un cuestionario personalizado. A través de una PDA, toda esa información llega al centro sanitario.

Durante el ensayo, para cada uno de ellos se diseñaron unas alarmas, de tal forma que cuando los datos de la autoexploración se salían de esos límites, el personal sanitario recibía la alerta mediante un SMS o un correo electrónico. «Ellos no saben que están enviando alarmas, sino que creen que están midiendo sus constantes. Si vemos que la alarma es realmente preocupante, avisamos al pacientes para que venga al hospital y, si es intermedia, se le cita a la mañana siguiente con su médico de referencia».

Este ensayo finalizó en diciembre de 2009 con otro resultado notable: los ingresos se redujeron a la mitad. «Así que había margen de juego, porque en el grupo de telemedicina se registraron un 50% menos de ingresos que en el de control». Y se dio un paso más. ¿Es posible predecir quién va reingresar?, se preguntaron. Así nació una regla de predicción clínica de reingresadores que se encuentra en fase de validación.

En centros gerontológicos

Con una realidad que subyace en todos estos ensayos, y es que se puede actuar en los procesos que presentan una tendencia al reingreso, han elaborado un diseño de intervención para las distintas tipologías de pacientes. Se trata de los prefrágiles-primaria (Ivan Basabe es el responsable de este proyecto), los frágiles no dependientes (Kepa Aranegi), los dependientes que viven en casa (Xabi Zubeldia), las personas dependientes que viven en centros gerontológicos (Joxe Artetxe) y los pacientes en el estadio final de la vida (Eduardo Clavé). Xabi Goikoetxea se ocupa de los convalecientes. Algunos de estos proyectos están a punto de echar a andar. Por ejemplo, a partir del 1 de abril participarán en la iniciativa 500 internos de cinco residencias de personas mayores de Gipuzkoa.

Hasta el momento, la acogida de familiares y enfermos ha sido positiva. A pesar de que este procedimiento supone un mayor volumen de trabajo para el personal sanitario, los médicos y enfermeras implicados destacan la relación que se establece con el enfermo y sus allegados, que suelen agradecer sobremanera el tener a un médico de referencia que les ha seguido hasta cuando llegan al estadio final de la vida, lo que facilita la toma de decisiones conjunta.

Todo este trabajo ha sido posible gracias a la implicación de muchas personas, recuerda Artetxe, quien subraya la aportación de las enfermeras y auxiliares de planta a la hora de realizar el planteamiento teórico de esta iniciativa. Los trabajadores sociales, el servicio de admisión, el de informática, epidemiología... todos ellos también se han involucrado para abordar una nueva forma de atención a un tipo de paciente cada vez más común y numeroso.

 

Fuente:El Diario Vasco